"Por favor, no me pisotees la cabeza, te lo ruego," suplicó el comisario, temblando donde estaba.
"¡Uno!" dijo Valeria en voz alta, levantando el dedo índice.
"¡Dos!"
No hubo respuesta.
"¡Tres!"
No perdió el tiempo: dejó que la punta del tacón se estrellara contra su frente sin piedad.
"¡Vale! ¡Vale! ¡Hablaré!"
Gritó él, pero ella no le quitó el tacón de la cabeza, solo redujo la presión.
"¿Qué se supone que tengo que encontrar?" le preguntó Valeria, observándolo mientras él sollozaba en el sue