39. No puedes callar más
Enmudecida, azotada por la impresión, Azucena permanece quieta y vaga en las frases que le quitan el aliento. Para mal. ¿Qué busca Sebastián en estos momentos con una confesión como ésta? Pasa saliva, más confundida que nunca. Azucena mira las manos de Sebastián y al quedarse sin aire, empieza a comprenderlo un poco.
—Yo —comienza con un balbuceo—. No sé qué decir…
—No hay nada qué decir, lo sé —Sebastián responde en un tono indescifrable—. Esto lo digo porque quiero que me veas eligiéndote por