—Es suficiente—interrumpe la voz áspera de Alessandro, tal como lo hizo esa noche y estoy agradecida de escucharla.
Iván y yo nos giramos para verlo avanzar hacia nosotros. Su cabello parece azotado por el viento, y está un poco sin aliento, como si hubiera estado corriendo.
—¿Por qué estás hablando con mi esposa?—le exige, mirando a Iván.
—Relájate, hermano, dejé algunas cosas que papá quería que tuvieras.
—Sí, Sophia me lo dijo. Mi teléfono estaba apagado cuando mi padre llamó, así que no reci