Abro las piernas, pero mi cerebro está tan retorcido que no puedo entender si estoy haciendo lo que me dice porque me aterroriza o porque quiero más de lo que me está dando.
Separo los muslos, y él los mantiene separados para que pueda enterrar su cara en mi coño, y Dios mío, estoy viendo estrellas por una razón completamente diferente.
Ya ni siquiera siento el dolor corriendo por mi trasero. Todo lo que siento es a él y su lengua mientras empuja en mi pasaje.
Nadie más que él me ha tocado allí