CAPÍTULO 7. Una solución perfecta
CAPÍTULO 7. Una solución perfecta
Las manos le temblaban, las puntas de sus dedos cosquilleaban como si toda la sangre se hubiera ido de su cuerpo, y estaba tan pálida que Elijah creyó que se desmayaría de un momento a otro.
Entre las exclamaciones y felicitaciones de los invitados se excusó un momento con la justificación de ir a prepararse y empujó a Lynett, que trastabilló frente a él hasta una de las habitaciones privadas.
—¡¿Te has vuel…?!
—No, ni loco, y mucho menos idiota —siseó él—. Sol