CAPÍTULO 35. Una verdad paralizante
CAPÍTULO 35. Una verdad paralizante
Un león hambriento habría sido de naturaleza más amable que Elijah Vanderwood, pero nadie se atrevió a discutirle cuando entró de nuevo en aquella habitación y anunció lo que había decidido.
—Vendrá una ginecóloga de confianza a revisar tu embarazo. ¿Estás de acuerdo? —gruñó y Lynett sintió que sus ojos se llenaban de nuevas lágrimas.
—Solo quiero que alguien me revise, quien sea… —susurró, porque estaba más que segura de que algo muy malo estaba pasando allí