CAPÍTULO 52

Pamela

Contuve la respiración y me quedé inmóvil como una estatua, paralizada. A pesar de todo lo sucedido, recé por estar equivocada, por ser estúpida e insensata al sospechar de mi amiga.

Una parte de mí, avergonzada y más oscura, casi esperaba que hiciera algo para incriminarse. Entonces, al menos sabría la verdad. Podría seguir adelante.

Se aclaró la garganta, revolviendo algunas cosas en su tocador. Esperé. Si tenía paciencia, tendría mi momento. Con cuidado, manteniendo movimientos fluido
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