Nos tambaleamos juntos hasta el sofá, donde él deslizó una mano debajo de mi camisa mientras con la otra forcejeaba con el botón de mis pantalones cortos.
—Tócame. Pon tus manos donde quieran ir —susurré en su cuello.
Sentí su erección contra mi pierna. Me agaché y le di una caricia para animarlo.
—Vamos, Pamela. Móntala y córrete sobre mí —susurró.
Me encantaba estar encima. Me acariciaba los pezones mientras yo rebotaba alegremente sobre él. Estaba tan mojada y resbaladiza que se deslizaba co