Abrí los ojos de par en par. Había tantos rostros. La mayoría me eran familiares. Hombres guapos que conquistaron mi cuerpo, mi corazón, mi alma. Recuerdo los momentos que compartimos. El deleite de sus labios. La fuerza de sus brazos. La suave sensación de piel con piel. Me sentía feliz y eternamente saciada. Era suya, y ellos míos.
—Mierda—, murmuro, y la gravedad de mi situación se hace evidente cuando uno de los servicios de emergencia se acerca con una jeringa.
Miro hacia abajo y veo la ag