—¿Mamá, nos despedimos?—, pregunta Lucas una vez que abrocho a su hermanita en su asiento. No puedo llevarme la cuna ni ninguno de los muebles infantiles que Isaac me ayudó a comprar, pero seguro que encontraré algo barato en Portland cuando me instale.
—Sí, cariño, nos despedimos —digo con un nudo en la garganta—. Pero todo irá bien, te lo prometo.
—¡Adiós!— grita, como si estuviéramos a punto de emprender un viaje por carretera.
Lucas siempre se emociona cuando hay que ir en coche. El hecho d