Cada vez que un Kendrick decide presentarse como candidato, toda la cartera de negocios pasa al siguiente en la sucesión.
Connie me espera afuera del salón de té con los carritos de servicio ya cargados y listos.
—Buenos días, cariño—, dice con la mitad del entusiasmo que esperaba.
—Buenos días a ti también. ¿Qué pasa? —pregunto, oyendo voces tras las puertas cerradas del salón de té. Risas y quizás demasiada gente.
—¿Qué quieres decir?— Se me hiela la sangre. Me cuesta concentrarme. No es así