A pesar de estar a la misma altura, su mirada transmitía una intimidación que hacía sentir a Miguel como si lo estuviera observando desde arriba.
Vicente esbozó una sonrisa fría: —Señor Hernández, mi relación con la señorita Castro es completamente inocente. Por más que insista en difamarnos, no logrará nada. Además, considerando la gravedad de la situación, el hecho de que usted siga pensando que ella solo está teniendo un berrinche... realmente no sé si llamarlo ingenuidad o exceso de confianz