Aunque no había llorado cuando la maltrataron, ni cuando decidió divorciarse, en este momento Andrea sintió un nudo en la garganta.
Frente a tanto apoyo, no sabía cómo reaccionar.
Confundida, miró a Vicente.
Vicente sonreía, con los ojos curvados como lunas, y le levantó las cejas.
Como diciendo: "¿Ves? Todos te apoyan. No estás sola."
En ese instante, Andrea sintió una calidez interior.
Siempre había pensado que, en su situación actual, encontrar trabajo ya era un golpe de suerte.
Y ahora, rode