—¿Qué demonios, alfa Elian? —Finalmente logré apartarlo.
Gruñí, intentando salir del coche, pero él cerró la puerta de golpe al instante, haciéndome mirarlo fijamente mientras caminaba hacia el otro lado y se deslizaba de nuevo al asiento del conductor, con aspecto presumido y satisfecho.
—¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer? —espeté, apretando los puños, intentando calmar mis nervios.
—No le demos tanta importancia —murmuró con una pequeña sonrisa.
—¿Qué demonios quieres decir con 'no le