Sabía que no lo aceptaría, pero valía la pena intentarlo.
Esperaba que, al ver la habitación, se diera cuenta de que realmente quería que viniera a quedarse con nosotros.
—Celine, no tienes que preocuparte. Yo tampoco quiero hacer negocios con esos líderes. Está bien. Puedes venir aquí. Juntos podemos formar una comunidad diferente, una que no necesite a los líderes y alfas de otras manadas para gobernarnos —le expliqué, pero ella me dedicó otra pequeña sonrisa.
—Por favor, déjame en la cabaña