Su aliento rozó mi mejilla, y estaba tan cerca que empecé a sentir el subir y bajar de su pecho contra mi hombro. Ajustó mi agarre, sus dedos deslizándose por los míos hasta que nuestras manos quedaron alineadas.
Su barbilla casi rozó mi piel cuando se inclinó hacia adelante desde mi hombro para mirar el agua. Sentí lo cerca que estaba detrás de mí y tragué saliva. Detrás de nosotros, las niñas bailaban, hablaban y reían, señalando los peces. Su atención se mantuvo en el agua, no en nosotros, l