—Repítelo otra vez. ¿Me estás amenazando diciendo que me quitarás a mi hija? —Pregunté, mirándolo con incredulidad.
—Será la custodia compartida. Ya tienes dos de tus hijas. Quiero a Gina —continuó, provocándome escalofríos.
—¿Cómo te atreves? Cuidé de mi hija yo sola... —comencé, hasta que golpeó la mesa con la mano.
Mi cuerpo se sacudió en el sofá.
—No tienes idea de lo que soy capaz. Esto no es nada. Ya me has vuelto loco intimando con ese hombre en este mismo sofá. Pero ahora te quitaré a m