—Sabes, lo siento mucho, Celine, y de verdad que lo siento. Sé que probablemente estés pensando que dije lo mismo la última vez, pero créeme, no es que me gusté lastimarte. Es solo que la forma en que le hablas a mi madre me duele —comentó Yuvonne, con una sonrisa falsa en los labios.
Habíamos terminado de cenar. Las cachorras ya estaban en la cama, y ahora estábamos sentados en la sala de estar, compartiendo una copa de vino.
Sawyer se sentó justo a mi lado, sujetándome la mano con tanta fuerz