Raquel observó a su hija jugar en la nieve justo cuando el hombre molesto que la mantenía atada consiguió sacarla fuera de casa. Realmente aquello le molestaba, pero ella no quería ceder, no podía hacerlo delante de aquel hombre.
¡Sería como rendirme ante este molesto hombre!
Rick vio las ansias en el rostro de la loba, sacó el pequeño gorro que había tomado del armario y trató de no reírse mientras sujetaba a Raquel para colocarla aquella cosa. Nada era más humillante para un lobo que ser tra