VICTORIA
—Estoy en el aula, el aire está cargado de tensión. Zarco está frente a mí, su presencia imponente casi me hace retroceder.
—Vete—le dice a Alan con una voz que no admite réplica. Pero Alan se planta firme, su mirada desafiante se cruza con la de Zarco.
—No me iré a menos que Victoria me lo pida—responde, y todos los ojos se vuelven hacia mí.
Siento el peso de la decisión en mi pecho; Zarco es el hombre que amo, pero Alan es mi mejor amigo. Mis ojos se desvían hacia la espada colgada