Capítulo 138: En la ciudad del amor.
Las ratas merodeaban por las muy sucias calles, y los vagabundos hacían lo propio en casi cada esquina de aquella ciudad. La noche había caído cubriéndolo todo de penumbras, y solo algunas lámparas funcionales, le daban luz a los recónditos callejones y sus empedrados caminos. Giles se tapaba la nariz con un pañuelo, pues el hedor a orines de Paris era insoportable, y ni la belleza de torre Eiffel era suficiente para compensar en deteriorado estado de aquella la llamada “ciudad del amor”.
Había