Hijo de la Luna 13° Por fin en casa...
Escuchar ese grito con mi nombre me eriza la piel como si un choque eléctrico me hubiera cargado con doscientos cincuenta voltios. ¡MURDOCK! Con preocupación y ansiedad, me volteo hacia el origen de su voz, y lo veo atravesar la maleza, solo que no me alegra en absoluto, porque en cuanto lo veo, el horror me embarga al notar que está herido y evidentemente enfermo. ¿¡QUÉ FUE LO QUE LE OCURRIÓ!?
Siento el impulso de ir hacia él, de correr, asistirlo al ver que evidentemente las piernas le fallan