-Tú, tú fuiste la que hizo que todo se fuera al demonio.
-Yo no engañé a su hijo, él lo hizo conmigo, debería tener empatía hacia mí, no hacia ese desgraciado.
-Tú lo orillaste a eso.
-No, usted sabe tan bien como yo, que no importaba cuánto lo intentáramos, un cachorro no llegaría hasta que fuera momento. ¿Cómo es que puede defenderlo siendo como yo y sabiendo las mismas cosas que sé yo?
En menos de un segundo, ya la tengo sentada sobre mis piernas, aprovechando que aún estoy intentando recu