No puedo evitar maldecir en silencio, ¿por qué tenía que venir justo aquí, justo hoy y justo ahora? Malditos fueran él y ella... Frente a nosotros tomados de la mano (aunque él parece más obligado que complacido de estar así), están dos lobos a los que preferiría no haber tenido que cruzarme en lo que me queda de vida, y en su lugar, los tengo justo en mi cara: Alefick y Thábita.
¿Sería muy cruel desear que se abra la tierra justo debajo de ellos y se los trague enteros?
La verdad sea dicha, e