El CEO, subió del brazo a la modelo rubia, ella batallaba para pisar con esos enormes tacones, no la iba a soltar hasta que no hablara
— ¿A dónde me llevas?
— A mi habitación, es ahí donde está mi mujer
— ¡A mi nunca quisiste traerme aquí, solo dijiste que algún día yo sería la señora Lombardi, que te ibas a divorciar de ella, y ahora me traes aquí a cederte, a qué le diga que en realidad la amas a ella y esos bastardos!
El enfurecido padre se detuvo casi al llegar a la segunda planta, él