La casa se le estaba quedando grande a Ciro. La indiferencia de su amada era algo que se hacía sentir enormente, pues ella en lo habitual solía ser alegre, platicadora y entusiasta de los pequeños detalles de la vida. Pasó de ser la luz de su vida a ser una ausencia marchita en su interior. Era como si la hubiera perdido. Le mortificaba esa idea más aún cuando recién la recuperaba de los fríos brazos de la muerte. Nadie sabía cuánto le hubiese dolido haberla perdido, ni siquiera él podía hacers