Michael estaba sentado en su sedán nafta estacionado a las proximidades de la plaza principal de Florencia, bebiendo un capuchino, era el tercero. Observaba con meticulosidad hacia una de las bancas en donde Bethany yacía sentada. No hacía nada, más que mirar al horizonte inexistente, perdida en sus pensamientos.
El desdén se reflejaba en sus apagados orbes y en sus alargadas facciones. Era el cuarto día que llegaba a esa plaza a hacer nada. Pasaba el día en esa banca refugiada bajo la sombra d