88. Mi deseo
Amber
El calor de él parecía infiltrarse por mi piel, mientras las yemas de los dedos de Leonardo trazaban círculos perezosos en la base de mi espalda. Yo estaba sentada en su regazo, cuidadosa para no presionar el brazo herido, pero cada toque suyo parecía encender algo dentro de mí. Su respiración estaba cerca, caliente e entrecortada, y podía sentir su mirada quemando en mi rostro.
"Amber," murmuró con esa voz ronca que me hacía estremecer. "¿Sabes que me estoy volviendo loco, verdad?"
Mordí