30. Revelación
Leonardo
La lluvia azotaba implacablemente cuando el coche se detuvo frente al hotel decadente. Mi irritación, que ya estaba al límite desde las afirmaciones de Lucius, solo aumentó al ver la fachada descascarada del establecimiento. Las luces parpadeaban irregularmente, como si hasta la electricidad dudara en permanecer en ese lugar.
"¿Estás seguro de que es aquí?" Pregunté a Lucius a través de la ventana del coche, ya empapado por la lluvia torrencial.
"Sí, señor. Fue lo que pudo pagar con el