212. Revelación
Leonardo
Mi paciencia estaba al límite. Los nervios, hechos trizas. Mi empresa, mi familia, todo lo que había construido estaba siendo amenazado por traidores que habían estado mucho más cerca de lo que jamás imaginé. Pero ahora, el juego se había terminado.
"Magnus, abre esa puerta", ordené, con la voz cortante, fría, como una hoja a punto de rasgar el silencio asfixiante del pasillo.
Magnus asintió y deslizó la mano dentro del saco para sacar la llave maestra. El clic resonó en la tensión del