Sintiendo la rabia ártica de Kade y viendo sus músculos apretarse y tensarse, entré en acción. Alec era mucho mejor ocultando su apetito asesino, pues había mantenido una expresión desinteresada en su rostro.
Me colé entre los gemelos, dando un paso hacia la puerta principal abierta. Los ojos de Zayne siguieron mis movimientos como si esperara que saliera disparada. Reprimí la mirada de irritación que amenazaba con formarse en mi rostro y le dediqué una mirada desinteresada. Hombres como Zayne,