Las palabras se le escapaban y ninguna salía de su boca.
Charlotte miraba los papeles como si fueran su archienemigo. Despreciaba verlos. Quería que ardieran en las manos de Patrick y que él ardiera también con ellos porque le odiaba en ese mismo instante.
Parecía tranquilo y sereno como aquella vez que apareció frente a ella en la cafetería.
—Probablemente es de esto de lo que querías hablar, ¿verdad? —, dijo.
—¿Q-qué? —, tartamudeó ella en un susurro, con la mente ocupada intentando detener l