Su teléfono sonó justo cuando estaban ultimando el plan para la fiesta de Willie.
— ¿Qué? —, respondió ella en tono bastante irritado. Era un milagro que su marido hubiera tenido la decencia de llamar.
— Iré a recogerte ahora mismo—, contestó él más o menos en el mismo tono.
— No—, respondió ella con frialdad. Vio que Natasha y Jimena compartían una mirada, sus ojos concentrados en el trozo de papel en el que Jimena había estado escribiendo. Sin embargo, Charlotte estaba segura de que la estaba