— ¡Mira quién ha venido! No puedo creer que la hayas invitado, Jimena—. El asco se mezclaba con la voz de Natasha.
Charlotte no la esperaba, pero no podía darse la vuelta e irse. Eso no le valdría. Dos reuniones y ya se estaba acostumbrando a la mirada de Natasha y a sus estúpidos comentarios como para que le importaran de todos modos.
— Hola, no te esperaba aquí, Natasha—, saludó cuando se acercó a su mesa fuera de la cafetería.
— Hola, Charlotte—, sonrió Jimena, levantándose para darle un bes