Corazones leales

La limusina se aparcó al frente del omnipotente edificio de la cual, agradeciendo al conductor, Adeline descendió.

Era medio día, por lo que docenas de subordinados se encontraban almorzando en las diversas cafeterías que ofrecía el Royal Empiere Sonobe.

Introduciendo ambas manos en su gabán, Adeline empezó a enfilar en dirección a la entrada. No obstante, el socio de Jean Paul la detuvo en cuanto la vio.

_ Strange. ¿Acaso ya no saludas? Ven, siéntate conmigo, acompáñame a deglutir de este manj
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