64. Se ha ido
Bostezando, miro el reloj y se percató de que eran las cinco de la mañana. Se desperezo y camino hacia la cocina, segura de que encontraría ahí a su prima.
Cuando llegó, no había nadie. Frunció el ceño, ella siempre iba a esa hora para tomar agua.
«Qué extraño, ¿y si nos aseguramos de que esté bien?», sugirió su loba preocupada.
Tuvo que seguir su idea, porque comenzaba a creer que tenía razones para estarlo también.
El aire estaba cargado de una quietud extraña cuando Annika abrió la puert