131. Todas las Manadas unidas
El viento golpeaba fuerte contra el parabrisas de la camioneta todo terreno mientras atravesaban los caminos nevados de Alaska. La indicación del artefacto mágico era clara: la siguiente manada estaba aquí, en los hielos eternos, donde el frío podía quebrar hasta el alma más fuerte.
Dayleen iba en el asiento delantero, con el huevo de dragón envuelto en un paño sagrado y sostenido con firmeza contra su regazo. Cada día vibraba con más fuerza. Su interior ardía, como si el fuego ancestral del ú