Rosa…
Pasó una semana y las cosas no podían haber ido mejor. Me la pasaba sonriendo como una tonta. Ashton y yo nos turnábamos para quedarnos a dormir en el apartamento del otro. Nunca me había sentido tan feliz al levantarme por las mañanas y al acostarme por las noches. Sólo podía esperar y rezar para que esto fuera mi “felices para siempre”.
“Rosa, me iré por una semana. Max y Adam vendrán conmigo”, me informó en cuanto entramos en su despacho.
“¿Por qué?”, pregunté, enfurruñada. ¿Una sema