Serenity…
“Ve a su oficina ahora. Ya sabes lo que tienes que hacer. No la cagues”. Su voz sonaba enfadado en el teléfono. Puse los ojos en blanco.
“Sé lo que tengo que hacer, joder. No hace falta que me lo digas”. Este gilipollas vino a pedirme ayuda y ahora quiere jugar a ser el jefe.
“Bien, quiero que esa zorra lo pierda todo”.
“Ya me lo has dicho”. Me molesté cuando vi las fotos de mi esposo con una cualquiera. Estaba furiosa. ¿Cómo se atrevía a seguir adelante? Era mío y sólo mío. Matarí