Capítulo 312
Rosa…

Briggita y yo habíamos estado trabajando sin parar en los expedientes que nos habían enviado. Cuando miré la hora, vi que era casi la hora de comer. Menos mal. Me estaba entrando hambre y sentía los dedos como si hubiera estado corriendo una maratón toda la mañana.

“Diez minutos más y podremos descansar”, anunció Brigitta.

“Gracias a Dios. Necesito un descanso; los números están flotando delante de mí”, me reí entre dientes.

Volvimos al trabajo, pero justo entonces un fuerte grito nos
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