Leah
Un poco después caminábamos entre la gente completamente empapados en dirección al cuarto de baño de la habitación de Dani para cambiarnos de ropa antes de volver a casa, cuando un hombre de mediana edad nos detuvo.
—¡Frederick…! —Saludo el dueño de Alphabet. La expresión amable mudo a una de absoluta sorpresa en cuanto notó como pesadas gotas caían de nuestra ropa. —¿Qué rayos les ocurrió? ¿No hace mucho frío para bañarse en la piscina?
—Es una muy larga historia que te contaré en o