Cada paso que daba al lado de Siebog, apenas lo sentía, lo seguía con más agilidad de la que pudo imaginar. El en ocasiones la tomaba de la mano, con instinto protector.
Siempre su rostro mantenía una expresión dura, indescifrable, pero tal vez ese lado misterio era uno de sus mayores encantos. Rodó los ojos en otra dirección, no deseaba que el la descubiera mirándolo con tanto interés romántico. Sabía que sus ojos desbordaban más que de deseo cuando lo veía.
—Creo que estamos cerca de un río,