El paisaje urbano no solía ser de su agrado, menos cuando en su manada rodeada de una basta vegetación salvaje, tenía un tesoro que lo esperaba. Su pequeña bruja de ojos azules.
Esa mañana fue igual a la anterior, firmó papeles, concernientes al traspaso de la herencia, también le tocó dejar su firma registrada en algunos bancos donde su padre tenía exorbitantes sumas de dinero. Ahora era más rico de lo que siempre ambiciono, los placeres estaban a su merced y esperaba aprovecharlos todos.
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