Capítulo 58: Las visiones.
A medida que avanzaba, la penumbra se hacía más densa, y la humedad se sentía con mayor facilidad.
Trató de conectar con Sary, su loba interior.
Pero la conexión se sentía débil, como un susurro bastante leve.
«¿Por qué no puedes ayudarme? ¡Necesito de ti!», gritó en su mente, pero la respuesta fue un silencio rotundo.
La soledad la envolvía, y el miedo comenzaba a hacerse presente.
A medida que progresaba, Connie tropezó con una roca afilada, cayendo de rodillas.
—¡¡AAAAH!! ¡MALDICIÓ