- ¡Mami!- mis pequeños llegaron corriendo hacia mí en cuanto entramos por la puerta de la casa de su abuela, Alonso había quedado rezagado, sacando las maletas del auto.
- Hola mis pequeños- traté de cargar a los dos pero me fue imposible, no sabía si era por que ya estaban demasiado grandes o por mi falta de fuerzas, intenté de nuevo y por fin, traté de que no se dieran cuenta de la excesiva fuerza que estaba haciendo para poder con ambos, lo hice aunque no por mucho tiempo.
- Dios mío, Andrea