Pasó gran parte del tiempo con Marisa en su departamento, asegurándose de que se terminara de recuperar tanto física como emocionalmente, no le prestó demasiada atención a nada más. Eso hasta que recibió la desagradable llamada de su padre y jefe
— ¿Es que acaso crees que por el hecho de ser mi hijo tienes un trabajo asegurado en mi empresa?— como de costumbre le puso enfásis a ese odioso mi, acompañado de ese tono de suficiencia que tanto había y seguía aborreciendo
— Te llamé varias veces par