“Esa no soy yo,” dijo Mara lentamente.
Sostuvo la fotografía con el brazo extendido, luego más cerca, luego con el brazo extendido de nuevo, como si cambiar la distancia pudiera cambiar lo que estaba viendo. La niñita en el porche le devolvía la mirada con una expresión que Mara reconocía completamente. Solemne. Vigilante. La mirada exacta que Mara había visto en sus propias fotos escolares, las de la caja enterrada bajo el roble.
“Mara,” dijo Dominic suavemente, “tiene que ser tú. La cara es i