Punto de vista de Charlotte
Veinte minutos. Eso fue lo que tardó mi vida entera en implosionar.
Las puertas del ático se cerraron de golpe detrás de nosotras y escuché el clic del cerrojo como un disparo. Mis tacones me estaban matando los pies, pero no podía dejar de caminar de un lado a otro, no podía dejar de moverme, no podía evitar que las palabras brotaran de mi boca como vómito verbal.
—Voy a la cárcel —logré decir entre sollozos, agarrándome el pelo a puñados—. Voy a esa prisión federal