Aria
Buenos días, cariño —lo saludé en cuanto lo vi entrar. Lo había estado esperando sin siquiera darme cuenta.
—Buenos días, mi amor —respondió él.
Colocó las flores junto a mi cama antes de volver a mirarme. Sus ojos permanecieron fijos en mi rostro, como si estuviera comprobando si había dormido bien.
No pude evitar sonreír ante sus acciones.
—Ya es el tercer día —me quejé, dejando escapar un suspiro de frustración—. Me dijiste que el médico me había dado el alta ayer.
No respondió de