Ana
Me sentía flotando en una nube de felicidad y amor. El anillo de compromiso brillaba en mi dedo, recordándome la promesa que Emir me había hecho. Me sentía como la mujer más afortunada del mundo.
—Sí, quiero —había dicho, y ahora podía sentir la emoción y la certeza de mi respuesta. Emir me sonreía, sus ojos brillaban de felicidad y amor. Me tomó de la mano y comenzamos a caminar de regreso a su mansión, bajo la luz de la luna y las estrellas.
—Te amo —dije, mirándolo a los ojos.
—Te amo ta